Fede sigue pedaleando por Brasil (segunda parte)

MÁS DE 500 KILÓMETROS DEL 'QUIJOTE DE LA SALTA'

Por Cecilia Hauff

Al noveno día de partir, Fede ya había pedaleado entre Misiones y Brasil unos 550 kilómetros en total, luego de pasar por tres estados del país vecino. Desde União da Victoria, que queda a 250 kilómetros de distancia de Curitiba, mandó señales de vida y algunas de sus impresiones de su primera travesía en bicicleta. Ya faltaba poco para poner los pies y las ruedas en el Atlántico...


Fede: "Cuando llegué con el bondi a Jardín América (a unos kilómetros de Posadas) eran las tres de la matina; y buehh ¡a pedalear!, ¡de noche por la selva misionera!!!"


Fede en la selva misionera: "Siempre me dijeron que soy un colgado".


Campos de yerba mate en Misiones, Argentina.

Su primer comentario fue: “¡mis piernas están creciendo!”, y cómo no, si la ruta con la que se encontró es de puras subidas y bajadas que se suceden interminablemente. “No sé de dónde saco tantas fuerzas”, me dice, impresionado de sí mismo, y la verdad es que fuerza es el aliciente principal para hacer un viaje de aventuras de este tipo.


Una de tantas subidas en Misiones.


Descanso en el camping de El Soberbio, Misiones -frontera con Brasil-


Así se cruza a Brasil por el Puerto El Soberbio

Cuando le pregunté si ya estaba hablando portugués, si se comunicaba con la gente, o todo era mas bien un viaje de pedaleo solitario, me respondió que se conectaba mucho con las personas del camino, que el idioma le resultaba fácil y que ya estaba empezando a manejar un portuñol bastante gracioso: “eu estoy falando bastante bein”, dice.

Me emocionó saber que se sentía "súper bien" viajando, pero también estaba un poco aturdido con las dificultades de la odisea, y con los saludos de cumpleaños que recibió por Internet, “¡tanto amor!”, dice, y hace una pausa... Y eso me hace pensar que, muchas veces, necesitamos irnos muy lejos para aprender a valorar lo que tenemos tan cerca todo el tiempo, todos los días. Parece absurdo, pero no, es necesario, es bueno, tomar distancia y mirar el panorama de lejos ayuda a entender mejor el espacio; ya lo había dicho Bertolt Bretch en el 1900 tanto, sí, el ruso dramaturgo. Él no lo dice, pero sospecho que mientras más se aleja, una revolución en bicicleta se va produciendo en el interior de Fede.

Su viaje todavía es por tiempo indeterminado, pero se me hace que cada kilómetro llama al próximo, y así, “es solo un vicio más”, pensará Fede que, además, es fanático de Charly García. Tantos kilómetros en poco más de una semana me sorprenden; y sí, lo confirmo, es como calculé, este loquito del pedal rodó todos los días sin parar, un avance continuo, desesperado, buscando sumar puntitos sobre el mapa hasta formar una línea larga; conozco esa sensación, es un desafío placentero llegar al final del día y ver cuánto avanzaste desde que empezó la travesía. Le recomiendo, de todos modos, que se tome su tiempo para conocer lugares, “en la praia voy a descansar”, me asegura. Ya veo, hay una meta, un punto que lo atrae con toda su fuerza como un imán, y allá va “meta y ponga” sin frenar, como él mismo lo expresa.


Si sabía que eran así los primeros tramos por Brasil no le recomendaba que cruce por ahí la frontera...


Fede: "¡ay senior mio, meu deus!!! ¡no quiero subir mais!!!!!!"

También me cuenta que siempre durmió en carpa, hoteles de mil estrellas, como diría Andrés Calamaro, y lo que lo maravilla es la hospitalidad y la buena onda de la gente: “arma la baraquinha aquí, mais seguro”, dice imitando a los brasileros que le recomiendan dónde acampar en una plaza o en sus casas. Para entonces, ya había dormido en las plazas principales de tres ciudades, cosa que me sorprende mucho porque en Argentina, tengo entendido, está prohibido acampar en las plazas públicas. Se me hace un poco insegura la idea de poner la carpa en un centro urbano, pero me explica que no, que siempre hay un cuidador, un hombre de seguridad que le ofrece todo lo que necesita y le hace guardia como un caballero ante el castillo desmontable de don Quijote de la Salta. Efímeros reinados en insólitos lugares.


Acampando en una plaza en Brasil.


Acampando en un bosque de las rutas brasileras.

Le pregunto por dónde pasó, y un poco desordenados se le vienen los nombres de los lugares: Puerto El Soberbio (Argentina), Porto União, Três Passos, Tenente Portela, Palmitinho, Frederico Westphalen, Chapecó, Palmitos, Xanxerê...


Mapa del recorrido aproximado de Fede por Brasil en bicicleta (cliquear para agrandar la imagen)


Cruzando fronteras brasileras...


Yo soy la tercera persona que lo entrevista porque antes, en el camino, al verlo pasar en su Rocinante con rayos, dos periodistas de los de verdad ya lo habían entrevistado. Nuestro caballero rodante ya es famoso en Brasil.


Un periodista lo detiene en la ruta para entrevistarlo...

Cuenta que le llama mucho la atención el orden de las ciudades y pueblos, y el respeto de la gente por las reglas de tránsito, ¡todo el mundo usa casco!, no lo puede creer, y no son cascos de caballería, son de los que deberíamos usar todos por seguridad en motos y bicis.

Lo único negativo que le pasó hasta ahora fue algo que ya lo escuché de otros argentinos que viajaron a ese país: la tarjeta de débito, a pesar de ser internacional y reconocida, no funcionó en los cajeros; por suerte sí la puede usar para pagar en los supermercados, así que ahí estaba, luchando con los fantasmas de las fronteras comerciales y sus burocracias, monstruos peludos y grandes aquellos, si los hay... Habrá que ver qué tienen los bancos de Brasil contra los argentinos para ir mejor advertidos la próxima vez.

Por suerte, la amabilidad de la gente nunca falta, en una estación de servicios le debitaron unos reales y se los dieron de la caja. También le pasó algo insólito, cuenta que un camionero, al verlo en la ruta, se detuvo más adelante a esperarlo, y en lugar de agredirlo o robarle, como cualquiera pensaría, ¡le regaló 10 reales! Tuvo que aceptarlos obligadamente, y luego, esos mismos reales hicieron realidad un almuerzo que una simpática doña le preparó en el camino.

Esta costumbre de dejar unos billetes a los viajeros en la ruta, también se comenta mucho entre los que viajan a dedo. Cada tanto alguien te sorprende, no sé de dónde vendrá esa tradición rutera.


La hospitalidad de los brasileros...



Nunca faltan las preguntas sobre las comidas, pero como este ciclista viaja con todo el equipo, se cocina él mismo, de esa manera ahorra más, pero pudo probar una tapioca que le encantó, también ofrecida por un amable transeúnte.


Fede: "y me encuentro con el rey de la tapioca que me da consejos para la ruta y me regala una tapioca riquiiiiisisisima!!!!!!

Ingenuamente, le pregunto si las subidas eran más altas en Misiones (Argentina), pero eso desató unas "puteadas a la Fede", porque en Brasil dice que se pusieron más empinadas: “¡Brasil es pior!, ¡no te das una idea!, ¡subí el Aconcagua más o menos!”. Pero menos mal que a esta altura del periplo ya empiezan a disminuir las alturas, y parece que va bajando hacia el mar. No se lo digo, no quiero ser mala onda, pero yo recuerdo toda esa zona de Brasil llena de montañas. “Toy reventadazazo...” ¡Vamos pantorrillas!, el salitre del mar las aliviarán. “No, no sabés, esto es muy fuerte... ¡Muuuuuyyyy!!!!”


Fede: "¿Descanso para ciclistas?"

Así y todo la fortaleza humana no deja de sorprender, Fede continúa, “le mete gamba”, aunque hubieron días en que no pudo avanzar muchos kilómetros, lo mínimo fueron 30 y lo máximo 80 kilómetros al día hasta ahora. Y las rutinas de pedaleo a veces van desde las 9 de la mañana hasta las 8 de la noche. Lo peor es el calor, húmedo, tropical, pero aguanta el flaco.

“Ayer, y antes de ayer, fue medio jodidito. Mucho camino sin nada, sin pueblos, poca gente, mil millones de camiones, y muchas subidas... Casi, casi, se me va la templanza a la mierda...” Cuando le aconsejo que en un tramo de esos se tome un colectivo al menos por unos kilómetros, se ofende, “no, todo en bici. Si no doy más, paro, armo la carpa y duermo”.


¡Vamos, Fede! que ya se siente la brisa del mar...



Ay, este Fede, dirán muchos que lo conocen. ¡Bravo!, le decimos la mayoría de los que esperamos sus noticias. Y estas historias continuarán cuando podamos ponernos otra vez en contacto porque les adelanto que hoy hace 16 días que el flaco está pedaleando en Brasil, y que ya está metiendo los pies en el Atlántico.

Obviamente que, esta historia continuará...




2 comentarios:

Martín Carrere dijo...

Buena Fede...soy Martín de Uruguay, que lindo viaje estás haciendo, te cuento que acabo de regresar de un viaje por el norte de Argentina, Bolivia y algo de Perú en bici, buses, caminando y en tren...
Estoy con muchas ganas de recorrer el norte de brasil en estos meses de frío...
Un abrazo, buena ruta...

Cecilia dijo...

Hola Martín, te respondo por Fede, su viaje por Brasil terminó pero no publicó más noticias, te dejo su correo porque creo que para el año que viene planea otro viaje por el camino de la muerte, Bolivia.
Saludos
Ceci

fedesnm@hotmail.com