Por Cecilia Hauff
Un domingo de verano en febrero, amanece fresquito en Resistencia; pero no hay que ilusionarse, en un rato el calor húmedo arrasará con todo como la onda expansiva de una bomba nuclear. Mientras tanto, una joven arquitecta se despierta a duras penas después de un sábado de trasnoche con amigos entre bares, y una estudiante de Letras termina de corregir los errores de la página de un diario para el que trabaja, porque laburar hasta media noche hace que al cerebro “se le chifle el moño” de tanto en tanto, y siempre hay algo que falla. La arquitecta es Noel, y ya está lanzando piedras en la puerta de Cecilia -porque el timbre nunca funcionará- quien termina de cargar lo indispensable en una mochilita y listo, ya salen. Allá van, decididas a llegar pedaleando a Corrientes, a unos 20 kilómetros de distancia, para desayunar del otro lado del puente y volver para trabajar un domingo a la tarde.
Noel frente a un barco estacionado en la vereda, producto del realismo mágico latinoamericano.
No es la primera vez que vamos a Corrientes en bicicleta, pero hacía tanto tiempo que no lo hacíamos que ya era un asunto pendiente, al menos para mí. El contagio llegó desde Fede que se fue pedaleando hasta Brasil, y el impulso venía de un viaje que hicimos Noel y yo a Salta y Jujuy en enero, en el que nosotras, dos chicas de llanuras, nos lanzamos a trepar cerros y a romper con la fuerza de gravedad de nuestra rutina plana, y la experiencia fue tan gratificante para el cuerpo y el alma que había que seguir el envión a la vuelta. Tantas ocupaciones a veces lo impiden, pero hay que hacer un esfuerzo y buscar un huequito en la agenda de trabajos y estudios. Así fue, se dio, y sacamos a pasear las bicicletas.
No calculamos los tiempos, ni de ida, ni de vuelta. Pero la pedaleada hasta la provincia de al lado debe llevar una hora más o menos. Salimos por zona urbanizada, todo el centro de Resistencia por la avenida 9 de julio que llega hasta la ciudad vecina de Barranqueras. El plan era pasar por el barrio
En Barranqueras hay dos rotondas en las que hay que prestar atención para no perder el camino que va a la ruta 16, que pasa por Corrientes, porque son un poco confusas. En todo caso, si se equivocan de desvío, terminarán en el puerto de Barranqueras, lo que será una buena excusa para conocerlo; si es así, recomiendo visitar un museo temático sobre ciencia y tecnología para niños y jóvenes muy bueno que hay por ahí. La cantidad de lomos de burro que hay en esta ciudad, da risa, pero se comprende su existencia cuando se entra a formar parte del tráfico de motos y colectivos, que son los que más aturden.
Esta es la Ruta 16, sobre el río Tragadero; a lo lejos se ve el puente Chaco-Corrientes. El estancamiento hace que se convierta en una especie de laguna atestada de plantas acuáticas que distorcionan la vida del río, debido al maltrato que sufren todos los espejos de agua naturales junto a centros urbanos.
Demasiados camalotes e irupés. Hermosos, pero en exceso para el ecosistema de este sitio. Mempo Giardinelli, escritor chaqueño, propuso que se traigan de África hipopótamos a esta región en una de sus novelas -Imposible equilibrio-, para que consuman las plantas acuáticas (su alimento principal) que son las que trancan el flujo natural de las aguas; descabellada idea, pero interesantísima igual.
"Irupé", en guaraní; "Victoria Regia", su nombre científico -en honor a la reina Victoria de no sé dónde, seguro que de Inglaterra-.
Cuando se va saliendo de Barranqueras, cada vez hay casas más pequeñas, hasta que el paisaje se vuelve muy pobre y muchas zonas parecen inundables. En este tramo, hay dos cosas curiosas a prestar atención. Una, es un barco estacionado en la vereda de una casa, muy lejos del agua, junto a la ruta. Cómo llegó ahí, no sé, habrá quedado desde la fundación de Macondo. Otra, son los carteles que anuncian leyendas como: “morenas”, “coludas”, “medianas”, “mamachas”, etc... No son prostíbulos vulgares, son nombres de peces, anguilas y lombrices que se venden junto a la ruta para carnadas de pesca.
Que no se mal interprete, son nombres populares de animalitos destinados a ser el bocado de otros animalitos.
Cuando era más chica y tenía el feminismo a flor de piel, me indignó tanto descubrir estos carteles; viajaba con mi mamá en auto, y cuando le hice el comentario de que no hacía falta ser tan explícito ni grotesco para promocionar prostitutas, se rió tanto que tuvo que frenar el auto para recuperar el aliento; es que ella recordó que había pensado lo mismo a la misma edad. Sólo una advertencia para que los visitantes no repitan la misma sensación de indignación, ni piensen que Barranqueras es un mercado sexual.
Pescadores chaqueños y pequeños surubíes antes de cruzar el Río Paraná.
Las canoas de los pescadores "malloneros" del lado chaqueño del río.
Una vez en la ruta, se cruza el peaje (que ciclistas y motociclistas no pagan) y el tramo que queda es hasta el puente General Belgrano, que une las dos provincias: Chaco y Corrientes. Hay que decir que el puente es alto, mide a unos 35 metros sobre el nivel del río y tiene casi 3 kilómetros de largo. Se lo ve mucho más alto cuando hay que subirlo a tracción de sangre, pero con los cambios de la bici, que son una maravilla, se lo sube tranquilamente, incluso con el viento en contra; sólo que no hay que apurarse para no gastar toda la energía en la largada. Recomiendo ir por la senda peatonal del puente aunque hayan muchos pozos y desniveles, porque siempre hay accidentes en ese puente, hay horarios en que queda chico para tanto tránsito y andan apurados por pasar camiones y colectivos más lentos. Esa vereda, aunque en mal estado, da mayor seguridad, además te permite frenar a sacar fotos en la parte más alta, cosa que si vas por el asfalto no se puede hacer.
Y la bajada del puente, ni hablar, mejor andar frenando un poco de tanto en tanto, porque se toma demasiada velocidad y los saltos que se pegan con la vista de un río que se mueve debajo, la verdad te hacen perder un poco el equilibrio, já. Un consejo, cuando estés por llegar a la base en el descenso, frená, porque sino vas a volar en el desnivel que hay pero que no se ve, como voló Noel, aunque a ella sólo se le salió la cadena, o como voló un amigo una vez al que tuvimos que llevar al hospital porque cayó tan mal que casi se fractura un brazo. En la parte más alta del puente hay gendarmes que controlan el tránsito y a posibles suicidas o también a aventureros trepadores de columnas de puentes... Lo sé por experiencia.
Fantasmas cocinándose en la ruta.
Ceci y Noel, antes de subir el puente.
Corrientes a la vista desde la cima del puente Belgrano. El río está marrón por las mismas crecidas que produjeron catástrofes en Tartagal, ya que el río Bermejo desemboca en el Paraná y arrastra el fango de las cumbres bolivianas y jujeñas.
Al llegar al otro lado nos tomamos una chocolatada fría con magdalenas; recuperamos toda la energía. Yo me di un chapuzón en una de las playas de la nueva costanera, que lamentablemente es muy playita hasta donde marca la boya, y casi no tiene sombra, lo bueno es que es gratuita y tenía guardavidas, una playa para niños, tal vez.
Después volvimos a Resistencia con viento en contra y por la autovía que tiene alternativas seguras para ir en bicicleta. Por arriba está prohibido para bicis y motos, hay que tomar por las vías de los costados. A la siesta hacía mucho calor así que nos cocinamos en la Ruta Nacional 16, pero es el horario más tranquilo porque todos duermen la siesta y el tránsito frena. Después de unos 40 kilómetros en total, el cuerpo pedía agua fresca a gritos, así que paramos a recuperar energías para el último tirón en una estación de servicios. Pero lo logramos y estábamos contentas, aunque medio muertas.
Playita correntina del otro lado del puente, para darse un chapuzón refrescante.
En esta breve travesía, mientras pedaleaba, unos extraños pensamientos me invadieron. Siempre se dice que la vida es un camino, o se habla de los caminos de la vida, o expresiones similares que vinculan el sentido de vida con el de camino. Hay paradojas en todas partes, viajar es tan comparable a vivir, así como vivir también implica morir, en los caminos que se recorren hay tanta muerte como vida. Y no me refiero sólo a la muerte por accidentes de tránsito, sino que uno ve pájaros volando, mariposas, vegetación, insectos de todo tipo, lagartijas, etc. Pero al lado del camino, en bicicleta y haciendo dedo, se ven también sus cadáveres.
Por ejemplo, una rata en el puente, un pajarito en en el camino, pescados colgados en puestos de pescadores, muchos insectos, muchas plantas acuáticas vivas y también podridas que apestan, olor a osamenta que llega desde los campos, alguna vaca o caballo muerto; recuerdo también un viaje a dedo a Misiones con Fede en el que tuvimos que caminar por la ruta unos kilómetros hasta un peaje, impresionante la cantidad de serpientes que tomaban el calor del asfalto en Ituzaingó, la mayoría de las que vimos estaban aplastadas por vehículos, también cruzamos algunas vivas.
En el camino hay vida, pero también hay muerte, como en la vida misma. Y nunca olvido las palabras de una filósofa salteña que proponía enseñar desde la niñez a vivir la muerte como parte natural de la vida, no a ocultarla o silenciarla; a morir se aprende como se aprende a vivir, decía. El tema es cómo hacerlo. Recorrer caminos me hace pensar en muchas cosas, vivir pensando en que vamos a morir como un evento natural, hace que construyamos de manera no natural alternativas para vivir más y mejor, disfrutando; de alguna manera es liberador...
Llegué a casa quemadísima y reventada. Pero feliz.
Mapa del camino recorrido entre Resistencia y Corrientes
1 comentarios:
Hola chicas, exelente las fotos + comentarios.Despues subo fotos de mis viajes en bici, a me olvide soy de la provincia vecina Corrientes, me llamo Julio.
Hace mucho que deje de sentir, por cuestiones laborales, el dulce placer de girar las ruedas por el asfalto y muchas veces, la buena sensacion de no saber que pasara en los proximos metros.La verdad ,ahora que pienso, es inevitable olvidar el unico e irremplazable aroma de la naturaleza y por supuesto el viento constante,como poniendote a prueba , hasta donde llega tu libertad.
Y bueno, pasense por mi blog , estan invitadas.
Saludos y suerte.
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