Qué se come en el camino: ¡ratatuille!

POR AMOR A LA BERENJENA

Por Cecilia Hauff

Hace rato que vengo pensando en abrir una sección para comidas y bebidas del camino, ya que lo que se consume en cada sitio, también forma parte de la cultura y genera ambientes folclóricos en cada cocina, en cada mesa, en cada lugar. Además, siempre las recuerdo, cada tanto se me vienen colores, sabores a la mente, porque parece que un viaje nunca termina, los recuerdos se focalizan en situaciones banales que luego quedan tatuadas en la mente. Eso me pasa con algunos alimentos. Algunos platos recuerdo más que otros, porque también me alimentan las situaciones, los contextos, las personas. Deliciosos recuerdos.

Hoy rompí con la rutina, me cociné unas berenjenas a la plancha, no estaban tan ricas como esperaba, pero bueno, para distraerme pensaba en la cantidad de gente a la que no le gusta este fruto extraño. Incluso a vegetarianos a los que recibí con un plato de berenjenas, já, la sorpresa que se llevaron. Y mientras almorzaba me di cuenta que comer berenjenas y escuchar a Ismael Serrano al mismo tiempo, y en Resistencia, como que no pega mucho, por qué será... Sí combinó bien, por ejemplo, comerse un choclo a mordiscos con Susana Baca de fondo.

La berenjena es el foco de atención de este relato. Cuando era niña, fui con mi abuelo francés a su país a aprender el idioma por unos meses. Cuando recién llegué me quedé unos días en casa de su hermana, cerca de Lyon, con la que no hice muy buenas migas desde el primer momento. Sobre todo porque me daba casi todos los días de comer ratatuille, ¡ra-ta-tui-lle! En esa época yo no podía comer berenjenas, tomates, queso roquefort, mayonesa, champignones, ostras cocidas al limón, mamón (o papaya), guayaba, mango, ni orégano, no me gustaban. Cosas de la niñez que después parecen absurdas y desaparecen, porque, excepto por el roquefort y los frutos de mar sin cocer a fuego, que todavía para tragarlos tengo que pensar en cosas lindas que me distraigan, todo lo demás me encanta.

¿Y qué es la ratatuille? Es un plato que se puede hacer con varias hortalizas, pero en casa de mi tía era siempre de berenjenas, zapallitos y tomates. ¡Oh, Francia a la ratatuille! Aprendí a hablar en francés tragando berenjenas con mucho esfuerzo, tal vez eso me ayudó con la fonética. Mi tía cocinaba toda una mañana una olla enorme de ratatuille y la frisaba, entonces todos los días, en el almuerzo, ¡había ratatuille! En mi mente sentía el aroma y decía: uy, ra-ta-tui-lle otra vez, como Mafalda diría: ¡otra vez sopa! Aunque las sopas de la tía a las 7 de la tarde en la terraza de la casa, con el gato fregándose entre las piernas de los comensales, mirando los cerezos, eso sí era un poema. Lo gracioso fue que al final del viaje, ya me encantaban las berenjenas y la ratatuille, que comía con esfuerzo al principio para no quedar mal, porque ella me decía: ¡dale, un poquito más!

Les aseguro que hoy me hubiera encantado comerme la ratuille de mi tía en Lyon, y le hubiera pedido yo un poquito más. Hasta ahora la palabra “ratatuille” me suena como una música electrónica martillante y repetitiva en la mente, siempre aparece entre mis pensamientos, como un virus que se entromete y se reaviva cada tanto; es una de las palabras en francés que más me gustan. Creo que hay una película animada que se llama igual, pero no la vi todavía. Tengo que hacerlo.

Leí por ahí que el nombre completo del plato es “ratatouille niçoise” (que es el gentilicio de Nice o Niza), también se lo llama ratatuille provenzal. Etimológicamente, “ratatuille”, proviene de dos verbos franceses: “tatouiller” y “ratouiller”, que significan remover o agitar, que es lo que se hace con las hortalizas cortadas en la sartén. Parece que en España le dicen “pisto”, “samfaina” o “xamfaina” en Cataluña, “tumbet” en Mallorca, “capotana” en Italia, “caputana” en Malta, “lecsó” en Hungría, “imán bayaldi” en Turquía… Me gusta la popularidad mediterránea de la berenjena, veo que a esta hortaliza le encanta tomar sol, humectarse con aceite de olivas y perfumarse con tomillo.

Este menú casi siempre lleva tomates, berenjenas, zapallitos o calabacines, pimientos, cebollas, tomillo, ajo y aceite de oliva. Pero les paso las recetas de los chef de la Web porque yo nunca cociné una verdadera ratatuille, a ver si la hacemos y así extrañamos menos aquellas épocas de niñez caprichosa y tías de ceños fruncidos. ¡Y comete esa berenjena!

Recetas de ratatuille:

Una opción.

Otra opción.

Y otra más.

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